| Ya en 1996 los agricultores de EE.UU. sufrieron considerables pérdidas en la cosecha de un algodón insecticida Bt, debido probablemente a un improvisto "apagón" del gen responsable de la producción de la toxina insecticida durante una ola de calor. Este accidente afectó a unas 9000 ha de cultivo, que fueron invadidas por una auténtica plaga del insecto que las plantas transgénicas supuestamente debían controlar. En Australia, los cultivadores de algodón denunciaron problemas similares en la temporada siguiente. En la India, la situación es caótica; los agricultores están quemando campos enteros de algodón transgénicos de Monsanto.
La toxina Bt que produce la bacteria Bacillus Thuringiensis es un "insecticida natural" que desaparece del medio al poco tiempo. Esta toxina se crea cuando las esporas están formadas y sólo se activa tras la digestión parcial enzimática. En cambio, en las plantas en las que están introduciendo genes para producir esta toxina, es decir para generar su propio insecticida, la toxina está constantemente presente y afectará tanto a las especies dañinas como benignas. Estudios realizados in vitro han demostrado que la toxina Bt puede dañar los glóbulos rojos de ratas, ratones, ovejas, caballos e, incluso, humanos. La toxina Bt "no natural" persiste más en el medio y se acumula en el substrato. Además, estudios realizados en EE.UU. han demostrado ya que el taladro está adquiriendo resistencia. Esta es la razón por la que las compañías de biotecnología aconsejan a los agricultores seguir cultivando una parte del terreno con plantas no trans-génicas, para que sirvan de refugio a los insectos y evitar que se hagan resistentes.
Cosa que, por cierto, ha desconcertado mucho a los agricultores, que no entienden para qué se han hecho las modificaciones genéticas si después tienen que tomar tantas precauciones. Novartis recomienda dejar como "refugio" un 20% del terreno cultivable. Esta precaución no se está respetando en España. Los agricultores no disponen de grandes extensiones de terreno cultivable y no están dispuestos a pagar más por las semillas transgénicas y no poder sacarle el máximo rendimiento. Respecto a esta cuestión de la resis-tencia de los insectos, la Comisión Europea, tras aprobar la comercialización y cultivo del maíz transgénico en Europa, indicaba que "no existía ningún problema si los insectos se volvían resistentes al Bt pues se tenían los medios habituales para combatirlos". Es decir, ¡que se seguirían utilizando productos químicos! Increíble si se tiene en cuenta que el principal argumento para su aprobación había sido la promesa de acabar con el uso de productos tóxicos. Y mucho más evidentes resultan los objetivos de las multinacionales de la ingeniería genética, al comprobar la realidad: tres cuartas partes de los 34 millones de hectáreas dedicadas a los cultivos transgénicos en el mundo, son plantaciones resistentes a los herbicidas (que venden las mismas empresas), es decir, que están manipulados precisamente para que puedan tolerar cantidades de herbicida hasta tres veces superiores a las habituales.
La mariposa monarca
Los resultados del estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cornell (EE.UU.) publicado en la revista Nature, sobre los efectos letales de un maíz transgénico sobre las mariposas Monarca un valioso lepidóptero migratorio confirman que las 20.000 ha cultivadas en España con maíz Bt de Novartis pueden originar consecuencias catastróficas: En la cuenca mediterránea el 60% de las especies silvestres dependen de las polinizaciones de los lepidópteros.
Según la doctora Rayor, coautora del estudio sobre la mariposa monarca, "lo que es nuevo en este estudio es que hemos demostrado que las toxinas pueden flotar en el viento". Precisamente este indeseable efecto de liberación al medio ambiente de una toxina introducida genéticamente en el maíz, ha sido siempre una de las bases para pedir una moratoria a los cultivos transgénicos.
Al respecto, la doctora Margaret Melon, responsable de la prestigiosa Union of Concerned Scientists, ha declarado estos días: "Estamos ante la primera evidencia científica de que las plantas transgénicas pueden dañar a especies benignas, y es sólo la primera advertencia. Podemos encontrarnos con muchas más sorpresas desagradables".
Autora: Montse Arias
Co-fundadora de la Asociación Vida Sana
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